El arte de crear contenidos es complicado. Internet, las redes sociales, los medios de comunicación y los espacios culturales siempre piden nuevos productos, provocando que muchos creadores experimenten con frustración la incongruencia de hacer discursos en torno a críticas al capitalismo y a la hiperproductividad siendo sus peores jefes. ¿Se puede vivir de la creación sin autoexplotación? ¿Nuestras mejores horas del día -y de la vida- están ocupadas por el trabajo?
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